Rescate fotográfico de la Scuola Italiana

Dentro de lo que ha sido una constante en la Escuela Fotogamia por exhibir trabajos fotográficos de importancia, en esta oportunidad la alumna Maite Larregui nos entrega una particular mirada al antiguo establecimiento educacional de Valparaíso conocido como la Scuola Italiana, institución que hoy vive el difícil proceso de convertirse en Patrimonio Cultural de la Ciudad.

A continuación el texto curatorial del proyecto:

Mirar es preguntarse también por el destino de lo Mirado

“Dentro de unos cuantos años si no es a través de la fotografía y otros documentos poco a poco nos iremos olvidando totalmente de la Scuola pasando a ser un nombre exótico”.

Maite Larregui decide tomar clases de fotografía en nuestra escuela virtual hace poco más de un año. Utilizaba en ese entonces una cámara digital compacta para registrar eventos cotidianos, como cualquier persona lo hace invitada por la necesidad amorosa de registrar a su familia. Tenía unas ganas inmensas de aprender fotografía y aún no conocía las posibilidades que hoy entregan los recursos digitales. En nuestra primera clase en las dunas de Con-Con me doy cuenta que con elementos técnicos mínimos puede desarrollar un sorprendente trabajo de observación. Comenzamos a recorrer lugares de la V región, especialmente la ciudad de Valparaíso que puede considerarse un verdadero estudio fotográfico al aire libre.
Pasaron meses de trabajo y la convencí que mejorara su equipamiento fotográfico. En ese momento me di cuenta de que ya estaba preparada para elegir y desarrollar un tema en profundidad. Paulatinamente Maite iba comprendiendo que la fotografía podía ser un intermediario entre su propia subjetividad y la realidad externa, sólo había que encontrar ese espacio que le permitiera expresarse. Fue entonces cuando Maite me confiesa que quiere sacar fotos de su antigua escuela, la Scuola Italiana, hoy declarada Monumento Nacional.
En este punto debemos recordar que nuestra relación con el pasado no ha estado exenta de paradojas. Al tradicional aniquilamiento de la historia en nuestras ciudades se suma la costumbre de resolver nuestros problemas de identidad y ciudadanía únicamente por decreto. En esta lógica muchos bienes patrimoniales llegan a transformarse en cortezas muertas, semejantes a esqueletos de fósiles puestos en la mesa de las transacciones políticas o terminan subsumidos en los requerimientos que impone la plusvalía. En ambos casos, no caben las historias personales.

Aspirar el aura de la realidad como agua de un navío que se va a pique

El trabajo de Maite nos hace recordar que la fotografía ha estado ligada persistentemente al deseo que generan aquellos espacios destinados a desaparecer. Pareciera haber una relación profunda entre ruinas y fotografía, entre muerte y huella. Roland Barthes llega incluso a declarar que el valor de lo fotográfico está directamente vinculado con la desaparición del referente. En otras palabras, gran parte de la fascinación que generan las imágenes fotográficas se intensifica cuando la muerte ya ha alcanzado a lo fotografiado y no nos quedan más que sus trazos. Valparaíso tiene un poco de esto. Las poéticas que inspira parecen motivarse por esta tenacidad de lo que está a punto de derrumbarse.
Pero las imágenes de Maite no apuntan al rescate fetichista de la infraestructura, conducta compulsiva observada en muchos proyectos patrimoniales. Por el contrario, sus series visuales intentan conjurar el tiempo de dos formas: por una parte, reviven esos antiguos puntos de vista, sus juegos de mirada, su tránsito cotidiano por la Scuola. Por otra parte, Maite destaca las huellas energéticas que parece proyectar cada elemento fotografiado: ahí están los pasillos, las ventanas, los bebederos, los pupitres, el Balilla tantas veces nombrado.
Una fotografía que rescato es la realizada por la autora desde dentro de una sala de clases. Aquí se encuadra parte de la ventana cerrada y su cerrojo en un leve picado. Por la ventana se puede ver el patio principal de la Scuola, (casi deshabitado porque es hora de clases) y parte del edificio que fue construido en la segunda etapa de su edificación. Una silueta solitaria cruza el ancho patio. Todo ha sido reenmarcado por los metales oscuros del marco de la ventana, lo que le da una direccionalidad de mirada al ojo del espectador. Pero esta imagen también proyecta un viaje hacia adentro. A Maite le interesaba recrear una atmósfera similar a la que encontraba en horas de clases, horas en las cuales le gustaba escudriñar cada pequeño lugar visto desde su ventana.

“Cada vez que me enfrentaba a fotografiar la Scuola me daba cuenta que existían claves simbólicas en su construcción. A pesar de no saber su total significación sus representaciones se hacían notar con fuerza en mi lente”.

Toda fotografía sin importar su género posee una instancia epocal, un contexto histórico que se hace evidente en la imagen por explicitación o por ausencia.
Los monumentos que registró Maite son un ejemplo de esa mirada epocal. “Los inmigrantes” realizado en Chile por la escultora Benturini (en ese entonces apoderada del colegio) nos relata la historia de muchos inmigrantes italianos que por el año 1912 se embarcaron con toda su familia en busca de un lugar más seguro donde establecerse. La Scuola en ese contexto cumplió un rol fundamental para mantener viva las costumbres, el idioma y la historia de la madre patria. La fotografía que da cuenta de este monumento se constituye en dos campos: el primero está dado por un fragmento de los jardines de la Scuola, abundantes hojas y pasto que rodean el motivo central de la imagen. Éste motivo corresponde al segundo campo delimitado por los bordes de un espejo, cuyo reflejo permite traer a cuadro parte del monumento de los Inmigrantes, detrás de los cuales se puede ver el edificio de la Scuola. Como construcción poética, esta toma es esperanzadora pues el monumento pareciera estar vivo, los dos sujetos de pie, abrazados y con sus ojos en alza, envueltos en ese entorno natural y cotidiano que alude a la metáfora más elemental: la vida.
Pero estas resignificaciones simbólicas se dan en varios niveles donde nada es evidente. Así, la austeridad y severidad estética que se manifestarían en la fachada de la escuela y que muchos han podido catalogar como expresión institucional de una lectura fascista de la historia, en el nuevo contexto, cifrado por la urgencia de quien ya intuye que las huellas pueden ser borradas, pasan a ser objetos de un inventario precioso, de una recuperación personal, que sólo después se hace pública.
En este sentido, la fotografía puede ayudar a recuperar la ciudad si reparamos en la escala de su génesis: siempre hay alguien que mira y ese alguien habita una ciudad. Maite nos ha dado una respuesta personal al problema del Patrimonio. Nos ha hecho habitar espacios de una forma que podemos reconocer como propia a pesar de nuestras diferentes historias de vida. Fragmentos que no esconden la frágil legitimidad de una mirada y que alejándose de la retórica tradicional de la ley le responden a la política de la desaparición con las huellas de su propio gesto: mirar aquí es preguntarse también por el destino de lo mirado.

Loreto Solís Petersen
Fotógrafa y periodista.
Viña del Mar, mayo 2007.
www.fotogamia.cl