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Ultra-percepciones rurales

En esta serie me gusta pensar que la sintaxis que entrega la velocidad de captura de la cámara fotográfica puede todavía prodigar efectos plásticos sobre un tema tan patrimonial como las arboledas del campo chileno.

Al mismo tiempo no dejo de imaginarme cuál fue la sensación que tuvieron los primeros pasajeros cuando miraron el mundo cambiante a través de una ventanilla de tren. Se puede comprender, pero no se puede describir con facilidad. Como ha sido indicado anteriormente, la fragmentación del paisaje operada por el desplazamiento veloz de vehículos de tranporte, a finales del siglo XIX, fue simultánea a los descubrimientos perceptivos de los impresionistas. Esta idea de que el cuadro debía ser construído rápidamente en el exterior para capturar la luz en su fugacidad me parece muy oportuna para relacionar sensitiva y conceptualmente esta serie de fotos de Loreto Solís. Aquí, sin duda, el tempo de la percepción está determinado más por la aceleración y desaceleración controlada del vehículo a combustión que por los cambios operados en el transcurso del día (aunque los valores cromáticos y los volúmenes son buscados de antemano) El efecto del zoom y del foco dentro de una profundidad de campo extensa permite jugar a la escondida con el referente. En efecto, se persigue una cierta dinámica de la estructuración visual y esta búsqueda con la mirada se hace con alguna lejanía.  El paisaje resultante es producido en este ir y venir de la percepción. Pero, estas imágenes, ¿no nos mueven también a recordar algunos rasgos de los perceptos futuristas? En cierto sentido, sí. Pero el futurismo glorificaba la velocidad en la urbe, en la vertiginosa vida de la ciudad, y que yo sepa la pre-modernidad cultural del sur de Italia no existía en su discurso. Aún así, podemos premeditar una ficción estética: declarar, por ejemplo,  que estos paisajes de la zona central descomponen la imagen tradicional del campo al igual como lo haría un futurista piloteando un automóvil por nuestras flamantes carreteras interprovinciales. Un cuento veloz, pero también sutil, por cierto.

Fotografías de Loreto Solis Petersen