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Psicogeografía de un terremoto

Aunque los medios han privilegiado, evidentemente, el estado de cosas en la región del Maule y el BioBio, las zonas más afectadas tras el terremoto del 27 de febrero del 2010, la Provincia del Gran Valparaíso requiere ahora de una exploración urbana que de indicios de su Estado del Arte.

A tres días de sucedido el sismo, Fotogamia recorrió de noche las ciudades de Viña del Mar y Valparaíso todavía afectadas por la falta de luz eléctrica y las constantes réplicas sísmicas. La serie de imágenes resultantes no respondió sin embargo, a un catastro.  En un contexto de urgencia y catástrofe territorial, donde la imagen fija y audiovisual ha asumido fundamentalmente roles fáticos, referenciales y también simbólicos (repárese en la cantidad de relatos y testimonios) las fotografias realizadas por Fotogamia obedecen a un montaje lumínico (luz rasante, alto umbral de contraste) que intenta presentar y al mismo tiempo penetrar el espesor de significados vivenciales, devenidos en un nuevo mapa psicogeográfico post- sismo. Creemos que en estas nuevas coordenadas físico-mentales de lo urbano y social provocadas por el terremoto ha vuelto a presentarse, entre otros significados, el  de lo siniestro. Como el término presenta todavía una profusa polisemia,  siempre es apropiado volver a algunos autores que lo han estudiado con espíritu pedagógico. Para Freud, “lo siniestro” sería todo aquello que irrumpe de forma amenazante sobre el “yo”, desencajando nuestro mundo real e indivisible; Freud, indudablemente, vincula esta amenaza a la emergencia de impulsos primitivos, no necesariamente amenazantes, que reprimidos durante mucho tiempo, finalmente sobrevienen como algo  “extraño” y peligroso, generando angustia a nuestro yo. Así, sobre algo tan medible y explicable como es un terremoto es posible indicar que sus efectos sobre la energía eléctrica nos dejaron a merced de las tinieblas, tal como lo explica la angustia de los desalojados; que su fuerza destructora hizo de nuestros hogares y ciudades unos entes irreconocibles: cuerpos trizados, desmembrados, destinados al escombro y a la ruina, inesperados residuos del yo que se agolpaban en cada esquina.

La sensación de lo siniestro  no siendo quizás la más fuerte,  como lo es por ejemplo, “la desolación”, es por esto mismo la menos evidente y su condición, como lo fantástico, tiende a ser frágil y fugaz.  Talvez, algo habíamos olvidado demasiado tiempo como para que el terremoto nos hiciera ver que somos un país verdaderamente sísmico.