Miradas campesinas

Con las imágenes que Gustavo Flores nos ha brindado en el último tiempo se vuelve a situar en nuestro contexto el tema del rostro en la fotografía. Aunque este tema ha sido mayoritariamente enfocado por el documentalismo, sigue siendo fundamental porque permite medir las formas en que accedemos al diálogo y a las relaciones visuales con otras identidades diferentes a la nuestra en un espacio de asimetría económica y complejidad cultural. La ocasión permite señalar algunas evidencias: miradas independientes se hacen cargo de realidades alejadas de las tendencias dominantes y ofrecen una nueva visión sobre aspectos desconocidos por la modernización como es la intimidad de la vida rural. Estas imágenes entonces no son deudoras de un turismo patrimonial de corte progresista. Corresponden a prácticas autónomas que ya han tenido cierta notoriedad como el trabajo de Carolina Collao sobre las temporeras de Cabildo o el registro hecho libro de la vida campesina en El viaje de Rakar de Ramón Ángel Acevedo. En esa dirección se ubica el trabajo de Gustavo Flores. Estas “miradas campesinas” son la expresión de un conocimiento doméstico del terreno en el cual vive el autor, Rinconada de Silva, localidad al interior de Putaendo. Sus rostros no están cerrados sobre sí mismos, de hecho, un rostro no puede estarlo porque es pura relación, pero lo que estas imágenes gestuales inscriben es quizás la posibilidad de adivinar el paisaje y el clima que, en parte, los ha trazado, como el calor seco y abrasador dibujado en el entrecejo abierto por el gesto del habitante.

El trabajo reciente de Flores además nos permite deducir relaciones íntimas y afectivas con los retratados, cualidad que le asegura una naturalidad, un mismo aire, un mismo lenguaje en la toma y en la pose. Cautivan aquellos gestos retenidos de las ancianas en los lapsus de conversaciones y quizás de silencios compartidos. Aspecto más que importante si consideramos que un autor tan antologizado como August Sander debió en gran parte a esta cercanía con sus modelos el éxito de sus registros fisonómicos y epocales. En este sentido, el autor parece desaparecer, transparentarse, transitar, sentarse a la mesa y contestar con la mirada.

La serie Miradas Campesinas en todo caso debe ser interpretada en la perspectiva de un proyecto mayor, dinámico y más complejo que implicaría no sólo el registro quizás de toda la cultura rural de la zona sino también su más optima divulgación.

Mauricio del Pino Valdivia
Fotógrafo y Comunicador Audiovisual
Valparaíso 2007

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