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Mi (triste) Paparazzi

Eternidad de un instante: fotografías de Mauricio del Pino

El trabajo de Mauricio del Pino se ubica en una línea de peligros y veleidades. Querer encantar con un cuento personal y reiterativo desde fotografías tensionadas, granos reventados y ausencia de nitidez. Es directamente una mirada soterrada que busca escarbar y hurtar imágenes que indican el paso furtivo del tiempo con una representación fiel pero desvanecida y malograda. ¿Cuáles son las propuestas detrás de tanta intencionalidad con el soporte fotográfico?

1. La mirada, la gran espía

La mirada siempre recoge el mundo y en este esfuerzo es una operación de voyeur, de mirón detrás de los cristales. El fotógrafo constituye del voyerismo una práctica cotidiana. Es justamente por esta compulsión visual que el creador entrega la exactitud del instante. La obturación posibilita una práctica que media con el contexto y contempla la realidad por un acucioso registro. Esta es la naturaleza de la creación expuesta por Mauricio del Pino. Su ambición primera es lograr por el registro sinóptico una mirada espía del espacio familiar y autobiográfico.

Pero la inquietud del testimonio no está sólo en el gesto de buscar insterticios espacios de espionaje sino también de rendir un silencioso homenaje al amor filial. Es un hijo que mira a sus padres desde las ventanas de su casa paterna, desde los rincones del jardín, en un gesto amoroso de contener para sí el recuerdo de las que más se aman. Así entre juegos y artificios visuales se va construyendo una historia de un desgarro y un desprendimiento. El desgarro que se simboliza con nuestro natural crecimiento que cada vez que avanzamos en nuestras autónomas conquistas también se van desdibujando las influencias y las figuras de nuestros padres. El desprendimiento se indica por el hecho que si uno mira los rostros fatigados y amorosos de nuestros progenitores una se percata de su cercanía a la muerte. No es la producción fotográfica la posibilidad de expiar deudas ni culpas, ni de espantar el duelo inminente. Es simplemente constatar esta verdad que proviene de la sabiduría vivida.

Por esto la mirada espía de Mauricio aquí asume un rol protagonista, es la mirada comprometida que busca descifrar los misterios esenciales de la vida y los afectos.

2. El gesto fotográfico: el espacio de intimidad

Así el gesto fotográfico es una manera de congelar el afecto, detener lo inexorable. Por esto el trabajo jubiloso que realiza nuestro fotógrafo en una serie concentrada en el espacio de la intimidad otorga un grado mayor de universalidad. El gran formato y la reiteración de las imágenes coayudan a reubicar la labor mimética de la fotografía, una serie donde el sentimiento estructura la lírica del arraigo. En efecto, la articulación serial persigue con el recorte sentimental reactualizar el homenaje a los progenitores, a sus diluidas figuras, para muchos verdaderos fantasmas que reconstituyen el ser más íntimo y universal que poseemos.

El vaciado de la imagen tiene en la paradoja de la reiteración un asidero contra el olvido, un exorcismo contra los fantasmas que aquejan nuestras relaciones filiales. Así entre medio de la nada, en torno a un espacio reconquistado para la fotografía se reconstruye una historia de tributo, además se define una línea editorial autoral que parte desde lo más propio y cercano en su proceso de reconstrucción del mundo.
Por esto el trabajo de Mauricio tiene la contención emocional y la aspereza reflexiva. En el gesto más creativo con el soporte más cercano que es la fotografía fija y da indicios de un cuento atemporal. Su fina ironía nos ubica en el otro extremo del juego de un verdadero Paparazzi que busca la foto única, sensacionalista, directa para ofrecerla a los medios. Al contrario el proyecto de Mauricio del Pino está centrado en el mundo cotidiano, sus imágenes buscan el rescate del gesto amoroso que nutra el encuentro y por sobre todo la esperanza.

Dr.Gonzalo Leiva Quijada
Instituto de Estética
Pontificia Universidad Católica de Chile

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