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Los días de Escuela no volverán

Queremos suponer que el Estado Prioritario de las Cosas ya no es el mismo de a principios de marzo, y que todos aquellos asuntos que demandaba la entrada de los hijos a los establecimientos educacionales han sido absorbidos por otras actividades en creciente curso. Por supuesto, ya nadie recordará ni la intensidad ni la calidad del régimen visual que nos prodigaba la publicidad y el periodismo al iniciar el mes.

Suponemos también que en cada institución el cuerpo administrativo y académico empieza a encontrar un ritmo más estable en los proximos días.

Siempre atento a lo que pasa en nuestro entorno, Fotogamia los invita a mirar de una forma completamente nueva el tema de la escuela. Lo hace mostrando los últimos momentos de un espacio y de los ritos que le pertenecen. En diciembre del 2007, El Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso, el más antiguo de Chile, hizo finalmente abandono de su establecimiento tradicional ubicado en la calle Independencia de la ciudad.

Nadie de fotogamia estudió en aquella institución. No nos mueve un afán nostálgico o caprichoso. Gentilmente se nos permitió registrar una situación que estaba ocurriendo. Sentimos que estas imágenes nos hablan de un micro-clima, algo que queda de tanto cuerpo entregado a los rituales y a la organicidad de un espacio-tiempo muy específico. Todo lugar es una piel, los lugares nos conocen, nos conocen por los lugares que habitamos.

Pero una sensación siempre es fragmentaria. No responde a un todo. A veces tiene que ver con una simple costumbre, como ese apetito tardío-moderno por lanzarse tras todo lo que va a desaparecer: sobre todo con aquellas cosas que siempre has vivido como imagen y que las reconoces como parte de una manera de ver completamente en retirada. Por ejemplo, los manuales y textos escolares antiguos con sus reapropiaciones de signos varios, las ilustraciones pedagógicas, el heroísmo místico del profesorado, los ideales y sus himnos.

En gran parte estos objetos devenidos en imágenes constituían ya un preciado imaginario, el que nos llevaba a preguntarnos: ¿cómo se ha comunicado, cómo se ha hecho sensible la relación entre estos dos mundos: el de la religión y el de la educación en Chile? ¿Cómo hacerlos visibles en el uniforme, en los estandartes, en la decoración de las salas, en los textos, en los protocolos, en los gestos? La bandera del Sagrado Corazón de Jesus y la Bandera de Chile, juntas, erguidas, inmóviles, mientras las cajas sonoras de la La Banda del Colegio (!Una banda de Colegio Católico es ya una reapropiación!) encabeza con energía el pulso de este tableaux vivant.

Por otra parte, con la misma intensidad nos preguntamos qué pasa con las personas y los espacios en Valparaíso. ¿es verdad que según el último senso una de las ciudades que decrece en población es esta Ciudad Puerto?

Otra sensación: sentimos que el patrimonio cultural de la Ciudad de Valparaíso se está reduciendo al carácter de los edificios patrimoniales, edificios que no tienen vida auténtica, y que sólo sirven para fines decorativos.

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