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Lagunas que siempre miraste….

Así de brumoso, miramos una ventana ajena al pasar en automóvil; vemos los rastros, las sombras que se proyectan sobre los ventanales; conjeturamos que alguien mirará, respirará y habitará detrás de aquel marco, y seguimos persiguiendo las señas y las preguntas como un deporte antiquísimo: recorrer la ciudad, la calle, el barrio, abrir las cortinas, mirar, ser visto, esconderse, asomarse a aquellos rayos primeros del sol, acostarse temprano en los días nublados. La entretenida y triste espera está hecha de estos momentos, como aquel rostro canónico que pega su nariz al frío y transparente material. Pero el rostro que encuentra su doble está más sólo que nunca. Necesita perderse en la absorción, en la condensación, en la desviación de sus rayos; necesita entregarse a la aventura, al encuentro, a lo que no ha sido todavía: rostro, mirada, extensión, como la persistencia de ese tamiz laminar que es la ventana del que habita y que no conocemos. El ser como la casa que se habita, según dice el filósofo. Las preguntas, como las ventanas que nos enfrentan. Todo depende del cristal en que se pierda, uno, tú, él….aquellos románticos, oh! cuanto le debo a las lágrimas, perlas, brillos perdidos en las fugacidades del entorno; la belleza, como el reflejo del haikú en las aguas; hay algo de melancolía en la transitoriedad de estas imágenes, lagunas mentirosas que solo pueden presenciarse en desvarío, en ausencia de uno, simulacros para el acechador: las ventanas también son agua, espejo oscuro, según el apóstol Pablo: en fin, la soledad, la triste parte; nunca el todo, no, dulce parcela, nunca…..

Acerca de la técnica

La popularidad del efecto desenfoque  o flou que tanto ha aprovechado la publicidad, pareciera, al margen del estilo, generarse por fotorresistencia a los efectos de real cada vez más “simulácricos” o “realistas”. Al mismo tiempo que las animaciones en tres dimensiones nos arrojan a una expectación más arriesgada y atenta, del mismo modo asistimos a una necesidad de engalanar, de habitar la limpieza inmisericorde de la ultra definición. Donde la energía de la resolución máxima genera dolores de cabeza, la libido de las huellas humanas intenta compensar las superconcentraciones del yo olímpico, desplazándose a las regiones desenfocadas de un pequeño Dionisio hogareño.

Esta serie realizada hace cuatro años corresponde a vistas generadas en el propio barrio del autor; se trata de tomas con muy poca profundidad de campo, en las que se ha hecho constante el uso de un diafragma muy abierto (f1.4), rasgo que se enfatiza al duplicarse en superficies  de por sí poco claras y reflectantes como son las ventanas; en algunos caso se ha optado por el uso de un teleobjetivo corto. La serie fue impresa, desde negativo, en papel 10×15, y posteriormente digitalizada vía cámara, con lo cual se refuerza la perdida de definición.

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