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Bestiario

El Zoo del Olvido

Una enorme ballena nadando, equivocada, en el museo de todos. Esqueleto equívoco pues su aire de cetáceo triste me trae el recuerdo de mi infancia y la vitrina en este mismo museo del perro Ulk, enorme, embalsamado, y más triste que la cara de perro triste que tuvo siempre mirando a su propietario Arturo Alessandri.

Y ahora, a este escenario por cierto virtual, se agregan estos monigotes, flor extraña de un día de fiestas, arrumbados adefesios seleccionados por la crueldad de las cosas que simplemente ocurren sólo una vez. Condenados a deshilacharse a la intemperie de de las pampas de Chile.

Bestias que aún traen el olor a fiestas pretéritas, a la música de trompetas y redobles de tambores y bailes de chunchos, que todavía traen la imagen de un niño siguiendo un gigante de papel y cartón piedra calle abajo hasta perderse en los meandros de la multitud. Y nos inquietan, y nos vuelven a inquietar y les sacamos la mirada de encima, tal vez porque se nos parecen, anunciándonos nuestro propio aire de olvido, de decrepitud y ese aire de cachivache inútil que trae la muerte.

Eric Goles
Nov 2008