Areneros: Viña también es el Estero

Seguramente ud no conoce a Pedro, el hombre de la silueta. Habitualmente los sábados almuerza temprano en su casa para aguantar hasta bien entrada la tarde antes de volver a comer como dios manda. La pega es dura y no se descanza hasta finalizarla. En el momento en que fueron sacadas estas fotografías Pedro acababa de terminar un pedido- eran las cuatro y media de la tarde- y esperaba a que su amigo viniera a buscarlo. Una paleteada, me dice.

Pedro tiene 48 años y su hermano Juan Carlos, 51. Ambos son muy comunicativos y no se demoran en explicarme sus asuntos. Hace más o menos 12 años que trabajan en el Marga Marga. Durante toda la semana y desde las 7 hasta las 18hrs, sacan material del lecho arenoso del estero. Los hermanos forman parte de un grupo sindicalizado de trabajadores que se ganan la vida al aire libre con un oficio que requiere de mucha intensidad y fuerza pero también de destreza técnica. En efecto, el oficio del “arenero”no se limita a la extracción pesada del material. Hay toda una jerarquía que se inicia con la tamización de los sólidos de tal suerte que la materia prima puede categorizarse según su tamaño y según el tiempo invertido en obtenerla. Por ejemplo, el saco de “granos”, más comúnmente conocido como gravillado, cuesta entre $1500 y $2000. Se pueden llegar a obtener hasta 6 tipos de granos dependiendo del tamiz que se ocupe. El saco de arena es más barato y sale entre $250 y $300. Usualmente la arena se vende por metro cúbico y se deposita en los camiones que llegan a comprarla al lugar. 50 sacos de arena hacen 1 metro cúbico.

Si alguien quiere comunicarse con Juan Carlos le damos su teléfono celular: 09 2483329

Fotogamia prosigue con el rescate de aquellos “patrimonios” intangibles pero no menos vigorosos de nuestras ciudades. En esta ocasión, nos descolgamos materialmente de nuestro horizonte pavimentado y recorrimos a pie el lecho del Estero desde el puente Lusitania hasta el puente Mercado. Un recorrido que nos abre a una alteridad tremendamente cotidiana. Los areneros del Marga Marga se afanan de sol a sol bajo el tráfico creciente de una ciudad que quiere ser jardín. Una ciudad que para crecer debe alimentarse de su lecho y que busca en el trabajo de estos cuerpos los áridos de su expansión.

Mas siendo parte activa de una tradicional geografía del trabajo -no olvidemos además que su oficio se lleva a cabo en el mismo lugar donde hace cientos de años los lugareños buscaban piedras preciosas- no nos extraña que su actividad no sea destacada en las rutinas mercadotécnicas de la Oficialidad de Viña del Mar y su Slogan de Ciudad Bella. Nada puede ser más lejano a este concepto que aspira a patentarse como una especie de Marca Mundial en el mercado de Ciudades Internacionales con Destino Turístico. Si bien tal objetivo puede entenderse como un beneficio para la urbe a largo plazo, su profusión mediática se hace abusiva porque omite la presencia de otras formas culturales de entender la ciudad.

Los Areneros seguirán hasta que indudablemente la modernización del estero llegue de manos de la plusvalía.